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LIMÓN: ROSARIO DE LA AURORA EN TIEMPOS DE PERSECUCIÓN



Primer sábado de julio, 5:30am.

El día aún no hace presencia en el pueblo cuyas casas y calles tranquilas tienen el color amarillento de las luces eléctricas de los postes. En las veredas aún no hay caminantes, los ajetreos del Viernes de fin de semana los han sumido en sueño profundo; sin embargo, en la esquina de la tienda de doña Teresa se observa una familia shuar protegiéndose del frío y con seguridad a la espera de la ranchera que los llevará a las 6 al sector de Yanguza, cerca del poderoso y temible río Zamora.

El frío y silencio se rompen cuando desde La Cruz en la calle Quito, un grupo de devotos de la Santísima Virgen camina en procesión por la calle, cantando y rezando el Santo Rosario hasta la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Esta muestra de fe y amor a la Madre de Cristo nació cuando los primeros salesianos construyeron su asentamiento en el pueblo que más tarde se llamaría Limón.


Todos los primeros Sábados de cada mes se repite esta costumbre. Los fieles madrugan, algunos llevan cirios prendidos y rosarios en sus manos y sobre todo su fe y amor a esta tradición mariana que honra a la Madre de Cristo, fundador del Cristianismo Católico, que en esta última década ha sido perseguida de manera diabólica y salvaje en algunos lugares de Asia y África como lo hemos podido ver gracias a videos y fotografías difundidas por la prensa mundial. Limón es un oasis de paz y tolerancia religiosa, ajena a sufrir convulsiones que afectan a lugares como Siria, Egipto, Nigeria, la India y otros. No muy lejos de casa, Quito y Guayaquil han sido victimas del irrespeto a los derechos del prójimo.

A nivel internacional, la crueldad de los fundamentalistas musulmanes asesinando sin piedad y de modos inimaginables a creyentes católicos de ritos antiguos, profanando sus templos he imágenes, en obediencia no al Corán, que como el Cristianismo predica el amor, sino a sus ídolos del odio y venganza, sacuden nuestros cimientos humanos.


Lamentablemente este fundamentalismo salvaje también está ocurriendo en América Latina, aunque no tan sangriento. Son continuas las provocaciones de los hermanos separados quienes creyéndose iluminados por algún espíritu, irrespetando la libertad de cultos y la libertad individual al que los ciudadanos de este continente tenemos derecho, entran a Iglesias Católicas en acciones idénticas a las que comenten los demenciales miembros del Estado Islámico o Talibanes y proceden recitando versos bíblicos malinterpretados, a destrozar íconos de fe católicos.



En Ecuador esta moda fundamentalista no se queda atrás. Con indignación vemos como pastores a usanza de políticos de izquierda, mueven alocadamente sus brazos y alzan su voz, creyéndose iluminados y poseedores de la verdad. Condenan y llaman idólatras a sus semejantes por el hecho de venerar imágenes que representan lo que la mente humana no puede visualizar: amor, Dios.


Un evangélico fundamentalista en lo general es un ex católico que por razones a las que un sicoanalista o el mismo en acto de reflexión podría conocer, rechaza su fe original; otros fundamentalistas lo son por heredad cultural (sus padres lo fueron, recordando que país conquistado por Gran Bretaña sería protestante y país conquistado por España, Francia o Portugal sería católico). Un fundamentalista cree que sus acciones y pensamientos son dictados por el mismísimo Dios en persona y, que todo lo que ellos hacen viene por mandato divino, por lo cual son infalibles. Cualquier otra manifestación de fe es condenada.

Según los fundamentalistas evangélicos y musulmanes, los católicos somos idolatras y por ello, se nos condena a los infiernos. A gusto personal y conveniencia, toman de los libros sagrados citas a su conveniencia he ignoran otras. Por Ejm. la cita en la cual sin margen de duda muestra el Poder de María como abogada, los hermanos separados jamás la mencionan: en las bodas de Cana, Cristo rompe su cronograma de trabajo divino por dar gusto a su madre. “Mujer, aún no ha llegado mi hora”, dice, pero seguidamente la complace. También, Jesús tiene tiempo en sus últimos minutos de vida, en su agonía, para olvidarse de su infinito dolor y pensar en su madre, dirigiéndose a Juan: “he allí tu madre…” y a ella: “he allí tu hijo…”. Tampoco los protestantes ponen énfasis a la admiración del ángel a la grandeza de su vida: “bendita tu entre todas las mujeres…” o, a la de su prima Isabel cuando en acto de humildad y alabanza proclama: “quien soy yo para que la Madre de mi Señor me visite?”.


Sin embargo nuestros hermanos separados ponen énfasis especial, innegociable, a la cita bíblica del Éxodo 20:4 o Levítico 26:1 en los cuales Dios manda no hacer ídolos. Confundiendo a despistados creyentes en que un ídolo motiva a realizar al hombre actos antinaturales (Baal: borracheras, desenfrenos pasionales, etc.), mientras un ícono como una estatua de María o algún santo, nos recuerda a personas de carne y hueso llenos de voluntad por ser seres humanos correctos. Al igual que la foto de una madre tiene poder en un hijo que lucha por dejar el alcoholismo, una estampa de la Virgen María nos llena de ternura y reflexión. Estos actos de fe no son nuevos, desde el nuevo testamento a este siglo. En el Antiguo Testamento, podemos ver que los mismos profetas a pedido de Dios construyen imágenes icónicas como una serpiente, al que en acto de fe, al ser vista, los israelitas eran sanados.

Un evangélico en lo general desconoce que el origen de su fe (Testigos de Jehová, Luteranos, Adventistas, Mormones, etc.) y el odio a la fe católica, nació del resentimiento justificado de Lutero al ver el modo de vida lleno de opulencia que algunas cabezas de la Iglesia Católica tenían. A este resentimiento, se sumó el resentimiento del rey Enrique VIII al que el papa no permitió se case con otra mujer. Eran tiempos de la conquista de América y el rey tenía el poder para crear su propia iglesia en desmedro de la influencia papal, por lo que tomando las enseñanzas de Lutero y Calvino, fundó en Inglaterra una religión a su gusto y con ello, se lanzó a la conquista del Nuevo Mundo.


Actos de violencia en contra de la fe católica como hemos visto, se van volviendo comunes; sin embargo, con satisfacción, observamos que los católicos, pese a ser mayoría en este cantón, provincia, país o continente, respeta la fe de sus semejantes. Sea en este cantón o la provincia, existe tolerancia por parte de los católicos hacia otras manifestaciones de fe, pues jamás se ha sabido a nivel local o nacional, que alguno de ellos haya entrado a un lugar de culto protestante a condenarlos o agredirlos.

Mientras tanto, oramos para que esta tradición popular del Rosario de la Aurora, no llegue a ser vandalizadas como ya ha ocurrido en procesiones como las del Cristo del Consuelo y otras, en las grandes ciudades del país.

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