GUACHAPALA: SE VIVIÓ CENTENARIA TRADICIÓN DE FE


Las historias en torno a la tradición del Señor de Guachapala, han pasado de abuelos a nietos desde hace 400 años.


Detallan que fueron indígenas quienes vieron la imagen en el sector Peñas, antes ruta hacia el Oriente. En este sitio cada noche los campesinos podían ver una luz que recorría desde el centro del cantón hacia el lugar donde le encontraron por primera vez.

Centenaria tradición se vivió en Guachapala, Azuay. Fotografías: Alcaldía de Guachapala

Aparición Teodoro Jerves, investigador y autor del libro Mi Pueblo y la Tradición Andina, dice que el Señor de Guachapala es de trascendental importancia por su historia y el impacto que ha generado en sus habitantes.

Sobre la aparición de la imagen, en la obra de Jerves se señala que fue encontrada alrededor de 1582 por unos pastores o peones de don Francisco Hazmal, primer cacique de origen pauteño y dueño de alguna finca del lugar. En aquella época los terratenientes tenían la costumbre de dar su nombre a cada sector de su propiedad.


Leyenda De acuerdo al texto publicado en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Ecuatoriano, SIPCE, el origen de la imagen del Señor de Guachapala se remonta al año 1600. Según la tradición oral, entre 1580 y 1600 habitó en Cuenca una hermosa joven llamada María Mercedes Sánchez Romano, de familia aristocrática y católica. Fascinada por su hermosura y juvenil inexperiencia, esta joven se entregó a las ligerezas del mundo e imitó la vida de las más famosas meretrices. Después de su gravísimo pecado fue rechazada por su padre y toda la sociedad cuencana.

Abandonó su casa y cargando su crucifijo de madera de guachapelí siguió el curso del río y fue a parar en Hazmal, hoy Guachapala. Allí se ocultó en una montaña de árboles de guachapelí para vivir en las cuevas.


Nadie sabía su escondite. Sin embargo, la tradición cuenta que desde Guagual y Dug Dug, que están frente a la montaña donde vivía María Sánchez, se veía por las noches un vela que ella encendía para las necesidades de su vida de penitente. Había colocado su crucifijo en la oquedad de una piedra, lugar conocido hoy como San Pedro, donde los pastores de Hazmal lo encontraron.

En la obra de Jerves se detalla que fue Juana Orellana la que bajo declaración juramentada asegura conocer esta historia. El texto continúa y señala que por la poca población y la falta de conocimiento de esta mujer nace la leyenda mítica.

Aquellos pastores hallaron y trasladaron la imagen a una capilla, pero “sin explicación el crucifijo regresaba por la noche al mismo sitio donde fuera encontrado. Al ver el inusitado suceso decidieron sujetarlo con cintas y cordeles, pero tal determinación no impidió el misterioso regreso” (…). Sánchez elegía las noches para recobrar a su imagen.

Para la sorpresa de quienes recogían a diario la imagen de aquel sitio y la conducían a la Capilla, cierto día el Señor de Guachapala no regresó a la roca, “lo que se debería sin duda a que María Mercedes enfermó o murió”, se cuenta en el libro, provocando que con el pasar de los años la devoción crezca”. www.eltiempo.com


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